Mensaje de Navidad de 2025

    Y aquí está. Mi intento de reflexión navideña en Nochebuena, como todos los años.

    En este día, en esta noche tan señalada, no puedo sino darme cuenta de que mi copa, una vez más, está llena hasta el borde de agradecimiento. Es precioso pararme a contemplar por enésima vez cómo he pasado a respirar, a vibrar, a existir, fuera de la universidad, del trabajo.

    Llego a esta época del final de año, de ese diciembre que sabe a frío, a comida caliente y a la calidez especial de las reuniones familiares, y hay a mi alrededor más amistades, más personas escogidas y cercanas a mí, de las que he tenido en mucho tiempo. Tengo los bolsillos llenos de versos, risas, memes, quedadas, anécdotas, noches de micros abiertos, jazz lofi, papel y bolígrafo.

    Por esa divinidad que aprieta pero no ahoga. Por la gente que aparece de pronto y se queda. Por esas personas que son serendipias perfectas. Por las amistades que sanan.

    Hoy tengo que brindar por el tiempo que quizá, en este caso, sí, acaba poniendo poco a poco las cosas en su lugar. Me conduce a lugares buenos, me guía, como este acceso de piedra del teatro romano de Itálica. Y no sólo en lo académico.

    (En la segunda imagen, por continuar con las tarjetas navideñas graciosas, como el año pasado posé con la tesis, este año poso con mi plaquetita, ea.)

    ¡Felicísima Navidad!







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