Querido 2025

Querido 2025:

    Tal vez a partir de ahora adopte esta costumbre tan mía de escribir, por qué no, una carta al año que se marcha. La empecé con tu predecesor, uno de los más difíciles de mi vida. Quizá tú me sonríes, igual que él, aunque contigo no me he peleado tanto.

    Tus días calmos, año viejo, me han visto afanarme por seguir haciéndome un hueco, por hallar mi rumbo en la academia. Docencia, de lo mío y no, publicaciones; como curiosidad, más de mil recortes de periódico leídos, añadidos a mi colección de investigadora. La tesis dando todavía sus frutos, después de años de trabajo. Tu sucesor traerá también, si los dioses lo quieren, la publicación de mi primer libro académico, ya en preparación.

    Mi primer (?) libro literario, con todo, ya llegó hace un mes. Tebas o apuntes del camino. Cinco poemas míos, más personas de las que esperaba interesándose por ellos. En ti han venido, año etéreo, noches de slam, de poesía escénica y micros abiertos, de escribir quimeras, del rasgueo del bolígrafo sobre el papel.

    Pero ¿sabes qué ha sido lo mejor de la poesía, año, lo mejor de ti? La gente. Simple y llanamente. Si algo destaca en tus semanas y tus meses, 2025, es eso. Las personas de pluma afilada, de corazón presto en la mano, de sonrisa sabedora. De ojos como espejos, de abrazos que curan lo ignorado, el silencio. Que nunca me falte esta serendipia de la gente.

    Me gusta pensar que, si fueras una persona, tendrías una sonrisa alegre y bromista, el cabello mojado de lluvia, los bolsillos llenos de poesía y el paraguas en la mano, ofreciéndomelo con cara de «vaya viajecito». Necesitaba mucho la paz que me has ofrecido. Con un poco de suerte, 2026 será, al menos, parecido a ti.

    Me dejas al final, año sabio, este afán de seguir simplemente existiendo, con tranquilidad. Escuchando la melodía silenciosa de las cosas. Y que llegue lo que tenga que llegar.

    Gracias siempre por tu calma.

    Tuya, en pasado,

    

    M.










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